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Última actualización: 31/01/06
a quíen le toca
VAMPIRO EN EL TALLER
novela
AUTOR:
TALLERNAUTAS 06
Me equivoqué el pensar que lo identificaría con una sola mirada. Después de la primera sesión ni siquiera sabía si era hombre o mujer. ¿Les importa el sexo a los vampiros? Digo, siempre pensé que su satisfacción erótica estaba ligada a morder, a chupar sangre. Ahora no sabía qué creer. Descartado que fuera una broma, por la seriedad de la fuente, tenía que descubrir quién en el Taller de Creatividad Literaria era un Nosferatu, un descendiente de Drácula, un vampiro inmortal. ¿Y por qué un vampiro querría escribir un libro? Miré uno por una detenida aunque disimuladamente: no quería que supiera que yo sabía de su presencia. Podría tomar venganza.
El informante tampoco conocía la identidad del muerto viviente: podía ser joven o mayor, alto o bajo, moreno o blanco; ni siquiera me reveló si hombre o mujer. Lo cierto es que no di la espalda a nadie: ni para servirme café, ni para recoger el paraguas, y mucho menos en el parqueo. El miércoles disimularé en mi abrigo una estaca de madera bendecida, por si lo descubro, poder matarlo antes de que haga daño.
El rumor decía que el taller se planeó inicialmente en la tarde, pero al ser el sol letal para los vampiros, se trasladó misteriosamente a la noche.
Sin tenerlo, el salón parecía contar con aire acondicionado, como si quisieran enfriarnos la sangre. Era cuestión de tiempo que comenzara a matar.
No seré quien caiga sin defenderme, al menos no antes de terminar mi libro.
Sospecho de todos, reviso la mirada y los colmillos de todos. Creo que la lectura de los primeros textos lo delatará. Como una huella, un rastro de sangre.
Caminaba desprevenido y no ponía mayor atención a lo que sucedía alrededor, se oían ya en las calles el anuncio de una jornada más de trabajo que finalizaba, a la vez en el horizonte los últimos rayos de sol coloreaban las nubes, con gran fluidez y sin ningún tropiezo atravesó los cuatro carriles que iban de este a oeste, apenas volvió a ver la calle y ya se encontraba al otro lado, aprovecho consultar con el alma que hora era, lo que recibió de respuesta fue paz, fue más que acertada la respuesta por que continuó con paso seguro hacia el lugar acordado con la voz amigable que horas antes le había recordado que a las 6:00 p.m. empezaba el taller, trato de dibujarle una cara a esa voz tan agradable y mientras trazaba facciones en su mente llego al lugar indicado, preguntó donde encontrar lo que buscaba y se dirigió al lugar que le indicaron.
Ahora el rostro no tenía que ser imaginado ya que calzaba perfectamente con la voz de la llamada, se presentaron, se intercambiaron palabras entre los presentes en la oficina, mientras él pensaba <>, fueron llegando más de los convocados y cuando fueron suficientes entraron a lo que sería su guarida, su punto de encuentro dos veces por semana.
Una ráfaga de felicidad cruzo todo su ser, sonrió y tomo asiento, conforme pasaba el tiempo las sillas y mesas ubicadas en forma de herradura dejaban de ser madera para ser una voz, una idea, una frase, un no, un sí y lo que es mejor un libro, conforme eso sucedía él observaba atento a todos los movimientos, edades, risas y murmullos, una vez más intentaba imaginar lo que pensaba cada uno de los seres presentes que hacía hace unos minutos ni siquiera sabía que existían, algo había de misterioso en el lugar, no le tomó importancia a la sensación y continuó con su creación de -vidas para cada una de las caras nuevas que veía, ya comenzado el taller se dio cuenta que no era el único que sentía algo en el ambiente, empezó a notar que en lo ojos del encargado de impartir el taller aparecía una mirada de alerta, como buscando algo, tal vez el sabía lo que pasaba en ese lugar, o puede ser que el estuviera tramando algo, lo que si era seguro que los ojos del maestro no mostraban tranquilidad y seguían buscado el punto donde fijar la vista. Logró distraer la mente con los ejercicios que tenía que hacer pero de vez en cuando brincaba la pregunta ¿Qué se traerá entre manos? Entonces pensó para si mismo <>. Y manteniendo aún el sabor de ese pensamiento en sus labios notó como se desgarraba en su mente un nuevo pensar al sentir muy por encima, a lo lejos y medio distante, una mirada de esas que congelan, desmantelan e incluso revelan secretos para el alma. Media vuelta para la izquierda, una nueva mirada, ¿eran ellos viéndole extraño? ¿Era él repartiendo las indescifrables miradas? ¿Qué había en este lugar que resultaba tan inquietante? Esa presencia sí, la sentía sin verla, la sabía como cierta aún sin encontrarla, la veía venir sin poder escaparle…
Un, dos, dos, tres, cuatro, cinco, cuatro, tres, dos, cinco, uno. ¿A quién le interesa como cuento, canto, visto, luzco, hablo, escribo, leo, existo o mi naturaleza extraña? Si las líneas estaban trazadas yo las pintó con nuevos colores, si los discursos estaban determinados yo los robo, cambio, doy vuelta e improviso en medio de la nada, si los ritmos están ya con líricas sonando de forma extravagante, los reordeno en sus notas y desordeno en lo incógnito para infundirles arte y lo imposible de describir, de forma que puedan encontrarlo y entender cuando callen, amen, odien o solitos se desangren, y así cualquier cosa natural yo la voy desmantelando, apropiando y mordiendo, retorciendo y ocultando…
Empieza la magia en este nuevo día con la salida de la luna y lo oculto del sol. Hoy se ven las estrellas, está clara esta noche, y yo que guarda lo sombrío… ¿qué víctimas compartiremos en la romántica velada esta vez? Tengo ganas de un alma apasionada para estos días, siempre han sido mis favoritas, ¿lo sabías, no? ¿Por qué no habrían de serlo? Con la misma pasión que aman en la vida se resisten a la muerte cuando les pongo mis colmillos en las venas para saborearles, y es que con el arte que ellos crean, así su sangre crea arte en mis labios, tienen un sabor tan único esas almas que aún sueñan. No no no, no me malentiendas, cuando yo les mato no lo hago por ambición o por capricho; cualquier cuello que haya estado en mi boca, ha estado primero en los sentimientos que guardo, y de todas me he enamorado y así con todos he acabado… ¿Qué mejor forma de amar que haciendo parte mía lo que amo? Sé que nunca podrán dejarme o irse o fallarme y en cada paso que doy sé que están adentro mío, me recuerdo de todas una a una y lo que me hizo enamorarme, por eso no te permito llamarme asesino, que yo no mato sino que quiero en una dimensión distinta a esta que se inmortaliza en lo eterno.
Pero hoy me esperan almas ansiosas de poesía y de arte y de todo lo profundo, se convertirán en alimento poco a poco con el tiempo. Yo nunca convierto en víctima a alguien que apenas veo, ocupo primero conocerle en todo aspecto, en especial en sus debilidades, y corromperle con deseo y llevarlo de romántico y morderle con broche de oro cuando todo está que acaba.
5:45, aún tengo tiempo para disfrutar de alguien y llegar a tiempo a la reunión de soñadores. Será aquella mujer solitaria que día con día se sienta en la vieja banca blanca y llevo un mes observando y amando la que será parte mía hoy…ahí está como siempre…se ve tan linda desde este ángulo…”no temas, sé mía, sé mía, en lo irracional eterno e incorrecto, no te resistas, eso es, cede cede, sé mía…”
Hoy, miércoles 18, el segundo día del Taller, me encuentro con diecinueve compañeros ansiosos de plasmar sus ideas en palabras que maravillen a todos los lectores. Pero desde que supe lo del vampiro ayer por la tarde, una sensación de palpitante inquietud sacude mi cuerpo, un estado de asombro y alerta permanente sacude mí espíritu, el cual no conoce más hecho inverosímil que el vuelo de un colibrí cuando, suspendido en el aire, liba las flores del jardín.
Revisé mis notas tomadas en el Taller del lunes, por suerte había anotado los nombres, profesiones y ocupaciones de los participantes, más aún, de las razones para asistir al Taller; pero mi alegría se volvió desazón cuando comprobé que no había anotado, por falta de tiempo, lo que cada participante esperaba del Taller de Creatividad Literaria. Buscaba algo que lo delatara, alguna frase emitida por el subconsciente que mostrara su siniestra intención de hacer lo que hacen todos los vampiros, quizá para transmutar en el rojo líquido elemento de todos nosotros y apropiarse de toda nuestra creatividad, inspiración, ciencia y arte.
Pero el análisis de mis notas no mostró nada, ni un mínimo desliz en su proceder que pudiera levantar sospecha de la identidad del vampiro.
Mi ansiedad iba en aumento hasta que decidí salir a buscarlo en la noche, por las cercanías del lugar del Taller. Un vampiro –pensaba, no debe irse muy lejos del lugar donde acecha a sus presas, por tanto debe dormir muy cerca del edificio del Colegio de Médicos y Cirujanos en San José. ¡Ya lo tenía! Pasaría la noche por esa zona de la Sabana Sur Oeste, semejante murciélago no pasaría desapercibido. Además, si no lo viera durante la noche sería posible hacerlo al amanecer, cuando se fuera a dormir. No me terminaba de convencer el pasar la noche en la Sabana con el frío que hace en el mes de enero y pensé que podría ser más fácil llamarle al celular durante el día, si no contesta ¡ahí está el vampiro! Pero una vez más unas dudas provocaron mi desasosiego, ¿tendrán los vampiros celular? Y si lo tienen ¿podrá contestar un vampiro que tiene celular una llamada durante el día? Pero, y si yo no tengo celular y no puedo contestar una llamada de otro celular ¿seré yo el vampiro? El fracaso de mis razonamientos me llevó a un nuevo estado de ansiedad y después a una sensación de miedo cuando recordé que mi carro estaba estropeado, que no podía ir entonces a la Sabana a espiar en las afueras del Colegio para sorprender al vampiro y ¡lo peor! Que justo el carro empezó a fallar en el mismo momento que decidí inscribirme en el Taller de Creatividad Literaria. Ya no me cabía la menor duda, era el vampiro ¡lo sabía!, sabía que me iba a matricular, que iba a escribir un libro, que iba a necesitar del carro para irlo a topar a la Sabana en esta fría noche de luna llena. Nada se le escapa al vampiro, es listo, muy listo, conoce como pensamos y lo que vamos a hacer, nada ni nadie detendrá su plan.
Sin embargo, Otto siempre fue mi principal sospechoso. Pero no, no lo delataron ni su gabardina negra largísima, ni su par de incisivos superiores prominentes, en su dentadura blanca, casi perfecta. Fue su irónica sonrisa la que me dio el primer indicio. ¿Cómo iba alguien a disfrutar tanto el decir la palabra “carne”?¿Qué de poético o musical podía haber descubierto en los términos “sangre tibia”? ¿Y por qué mostraba ese sarcástico gozo, al leer sus escritos cargados de cinismo y de dolor? Recuerdo que esa última sesión había leído uno de sus cuentos macabros, en donde su personaje por diversión, se jactaba de cómo torturaba las hormigas quemándolas lentamente, con un placer casi erótico por el sufrimiento, un deleite morboso por el caos y la desesperanza ante la muerte. ¿Era acaso él una extraña encarnación de un Edgar Allan Poe metódicamente más creativo y sanguinario?
Los lazos familiares tampoco lo ayudaban. Otto era el hijo único de Jack y Mortisia. Jack, un reconocido carnicero del Mercado de Cartago, fue el verdugo oficial de los cuadrúpedos durante mucho tiempo en el matadero municipal. Al final de los años 90, el sacrificio de las reses y los cerdos se hacia a punta de mazo y puñal. En ese tiempo, los animales escogidos eran adormecidos con el golpe de un mazo de 10 kilos y luego amarrados y colgados en cadenas por sus patas traseras para ser degollados por un tajo nítido, impecable en su media yugular. Cuando el Ministerio de Salud, ordenó el cierre del matadero, Jack se fue sin decir una sola palabra. Ahora era dueño de la carnicería “CARNE TREMULA” bautizada así en honor al director de cine Pedro Almodóvar. Esta admiración por las obras del cineasta español compartida por el padre y el hijo, solo hizo agudizar mis temores de su devoción por lo grotesco. La madre de Otto, por su parte trabajó durante muchos años en los viveros de la zona y ahora se dedicaba a preparar “los arreglos florales” en la Funeraria del Magisterio, al costado norte del cementerio local. Alguna que otra vez, allí mismo, ganó reputación como maquillista ocasional, labor extra que le gustaba, especialmente por el realismo que había logrado en “las expresiones” de algunas de las clientas adineradas del lugar. Definitivamente en esa familia cobraba sentido la expresión “cultura de muerte”.
Ese lunes hubo muchas ausencias en el taller. ¿Habría empezado de nuevo su proceso selectivo y letal? Yo por mi parte seguía precavido y con mi estaca de madera bendita entre mis bolsas. Los ajos, ya los había cambiado por una cabeza nueva, ya que el golpeteo con mis monedas había empezado a despertar su olor entre mis ropas y yo francamente le temo a las venganzas. El frente frío me había dado el pretexto perfecto para usar bufanda esa noche y tapar lo mejor posible mi cuello de artista, blanquísimo e intacto. No iba a caer tan fácil.
Había empezado por este tiempo también a estudiar más sobre ellos. Estaba convencido que en algún momento descubriría la señal inequívoca de su presencia. Tenía en mis manos “Ensayo sobre la historia de los vampiros”. Esta era la traducción no autorizada por la iglesia del texto de un sacerdote jesuita, reconocido espiritista portugués de apellido Vallejo que murió a finales del siglo XIX. Por esas inexplicables jugadas del destino, había encontrado ese tomo abierto justo en la página 19 –curiosamente el mismo número de nuestro taller-, en los estantes del tercer piso del Archivo Nacional. Aunque no creo en casualidades la primera frase que leí me impactó profundamente “El vampiro torturará lentamente a su presa, y la confundirá a tal extremo, que al final la víctima acudirá gozosa al llamado de su beso de muerte.”. No podía borrar esa frase de mi mente. ¿Me estaría acaso -el hijo de Lilit- torturando mentalmente?
Con Otto no se tenía que ser un detective muy perspicaz o un clarividente muy intuitivo para sospechar de él. ¿O sería esto acaso demasiado evidente? ¿Sería una mujer como había confesado James P.? ¿Sería esa otra táctica de nuestro Nosferatu? ¿Estaría dejando pistas evidentes solo para incriminar a Otto y salirse con la suya?
Cada uno de ellos se transformo entonces en una figura amenazante, que ocultaba tras una boca sonriente o nerviosa dos agujas que penetrarían en mi cuello en el segundo en que bajase la guardia. Tome la estaca en mi bolsillo, y la presione con fuerza, como un talismán, sentía un poco mas de confianza al aferrarme a mi única arma.
Tome aire, y me tranquilicé, solo seria peor si mostraba estar nervioso; si en verdad el vampiro sabía que alguien lo había delatado, entonces advertiría mi conducta sospechosa, mi nerviosismo, y la manera en que no confiaba en nadie. ¿Y si se me acercaba, como una mano amiga, que trata de ayudarme a calmar mis nervios, mientras se hace camino lentamente hacia mi yugular? Dejando la estaca en su lugar tome aire de nuevo, estaba entrando en pánico, debía calmarme antes de que no solo el vampiro, sino los demás notaran también que sabía algo que ellos no.
Una mujer se acerco a donde estaba sentado, se inclino levemente para hablarme, e instintivamente yo retrocedí un poco, solo por precaución.
“¿Esta ocupada esta silla?” Me pregunto.
“Para nada.” Respondí lo más calmado que pude. “No vengo acompañado ¿verdad?” Lo último parecía un epitafio sobre mi tumba en el momento en que lo dije. Al menos para mí. La mujer tomo asiento a mi lado sonriéndome ligeramente, antes de sacar de su bolso una pequeña libreta y ponerse a repasar sus notas. Ya antes había leído sus poemas, prólogos, y demás textos del taller; le gustaba personificarse en ellos, hacer sentir que era ella quien los había vivido, y era muy buena relatando. Incluso nos daba la impresión a los demás de que era cierto, o casi. Sin duda era una actriz bastante buena... talvez más de lo que creía. Mis sospechas sobre ella se incrementaron, en solo una noche ya tenía dos posibles culpables del asesinato, y del tormento que no me dejaba en paz.
“¿Cómo te fue con la tarea?” Me pregunto mi amable sospechosa; sacándome del tortuoso trance en el que estaba. “Yo la logre terminar, pero creo que no le inyecte suficiente emoción, simplemente no tiene mi marca... ¿sabes a que me refiero?”
¡Maldita sea! ¡Todo lo que decía me parecía sospechoso! Decidí tratar de calmarme y ser tan amable como ella, solo por si acaso. “Yo tuve que sacar el rato para hacerla” le respondí con una sonrisa mal dibujada. “Me visito un amigo que hacía un tiempo no veía, y eso me quito tiempo.”
“¿En serio? Yo también estoy toda atareada...” luego rió de forma un poco escandalosa. “¡Bueno! La verdad es que en el día hago lo de siempre, y en la noche si no es aquí, siempre busco a alguien con quien irme a divertir. Soy una vaga.”
Trate de fingir una risa sin poder sacarme de la mente las horribles imágenes que creaba de esa mujer durmiendo en un ataúd, buscando victimas en las noches y asesinando a una amiga, un amante, o algún pobre indigente entre un callejón, sin dejar huella y limpiándose los labios de pequeñas gotas de sangre.
La clase comenzó, de este momento, y hasta que terminasen las dos horas, podía descansar mi mente y encontrar un poco de tranquilidad...
¡No lo podía creer! Ya mi reloj marcaba las ocho con veinticinco minutos. ¡Cómo vuela el tiempo! Yo deseaba no salir más de ahí cada vez que recordaba el terror que me acompañaría hasta casa. Sin embargo logré llegar, no recuerdo cómo, pero sé que llegue.
Realmente necesitaba tomarme una cerveza helada para refrescarme, y no pude evitar quebrar mi jarra de la furia por no poder abrir el refrigerador; su presencia ya me causaba una gran frustración.
Se me ocurrió comprarle otro encierro, algo como una hielerita por ejemplo, porque mi comida empezaría a podrirse y además era preciso que me librara de ese problema. Pero no pensaba salir de nuevo esa noche y ninguna otra si fuera posible.
Así que decidí (después de tomarme un momento para tranquilizarme) escribir algunos poemas y terminar con mis tareas para no atrasarme.
Justo cuando encendí mi computadora, recorrió por mi cuerpo uno de esos escalofríos que erizan hasta las venas, mientras mis ojos se clavaban en la pantalla. Empezaron a aparecer unas letras rojas que decían “beso de muerte”, y de repente todo ha mi alrededor quedó en la más terrorífica de las tinieblas. Se había cortado la luz.
A la mañana siguiente desperté en el suelo, con cinco latas vacías de cerveza volcadas junto a mí. Mi memoria una vez más se había ido al carajo. Y fue entonces cuando lo vi. Me miraba fijamente como si estuviera retándome. Yo no entendía nada, pero tampoco me atreví a preguntarle ni media palabra, no fui capaz ni de sostenerle la mirada. Me preguntaba si la ausencia de pastillas en mi organismo estaba causándome alucinaciones, o tal vez... el torturador ya había elegido su próxima presa.
En estos momentos de descanso, a veces me atormenta mi naturaleza, el ser que represento, que vive en mí, en lo que me convierto.
Siento que me he enamorado, bueno, sería extraño pensar que fui allí para no enamorarme… No, como todo en mí, ese taller fue una oportunidad más para mover mis piezas, tener un lugar especial donde saciarme.
Mis bellezas deben estar realizando cada uno su día. Pienso que los que me han encantado no necesariamente deben estar felices hoy, no creo que más de uno esté incómodo con su vida y los demás, el resto, son sólo locos del montón que no necesariamente comparten y abrazan, que son mutantes más monstruosos que yo, que son poco amigables.
Pero me he enamorado. ¡Qué difícil no hacerlo ante tanto deleite para mi paladar! No debo dejar que la ambición me gane, no, aunque desee tener todos esos cuerpos llenos de mi placer, no, no debo dejar que mi instinto sea más fuerte que yo, sólo a uno debo regalarle el placer de estar en mí.
Aunque a veces me repugna mi naturaleza, no la escogí yo. Así que deseo la sumisión de mi escritor cuando se sepa digno de ser mi escogido.
Otro día de taller. Otto colocó sobre la mesa, con descuido –aunque creo que adrede- un libro extraño de tapa púrpura que se titulaba LA ENVIDIA Y EL DESEO, aunque el miércoles último, durante la proyección de un documental fuera de serie llamado BARAKA, sucedió algo que no me ha dejado dormir. En el ensayo que he continuado leyendo, se dice que es común atribuir a los vampiros la característica de ser sinuosos y casi imperceptibles en sus movimientos, espeluznantemente silenciosos, hipnóticos. Pero… ¿qué tal si el vampiro hubiera decidido actuar a la inversa para confundirnos? ¿Mostrarse demasiado inquieto o inquieta, disperso, incómodo? El documental sólo presentaba imágenes y sonido, ni una palabra articulada, de modo que era necesario enfocar toda la atención en él para no perder detalle. Sin embargo, una mujer joven hasta ese momento fuera de toda sospecha para mí, empezó a comportarse de una forma particularmente inquieta, como si no pudiera controlarse. Masticaba las hojuelas fritas con desparpajo y aunque aparentara mirar la pantalla, se notaba claramente que no estaba prestándole atención. De repente, su delgada mano atravesó la penumbra frente a mí con un papel pequeño doblado. Con sobrecogimiento, reparé en un hecho que antes me había parecido lógico, pero que ahora me escalofriaba las rodillas: un tipo al que nunca había visto en el Taller me pidió cambiar de lugar con él, supuestamente porque le parecía cortés permanecer al lado de otros dos desconocidos que había invitado a quedarse, pero ahora mi mente trasnochada me hacía pensar que todo estaba fríamente calculado, que todo había sido planeado para que yo quedara en medio de él y de la mujer que me erizaba la nuca. Esta mujer de pelo largo parecía ejercer un poder irresistible sobre el desconocido que estaba a mi lado. Se siguieron cuatro o cinco papelillos más por delante y por detrás de mí y empecé a sentir que me faltaba la respiración, que un anillo de fuego azul me cercaba y me impedía pensar con nitidez, sumiéndome en una especie de letargo nauseabundo. Lo más extraño de todo era que nunca se cruzaron miradas entre ellos -ni conmigo- y que sus movimientos parecían deslizarse viscosamente en macabra coreografía, buscando encontrarse. Todavía bajo los efectos de ese misterioso éter -que no he podido determinar si también tenía adormecidos a los demás- no pude percibir en qué momento ella se había trasladado a las espaldas de él y se abrazaba a su cuello preludiando el beso fatal… ¡Qué alguien nos ayude! ¡Estamos a merced de sus oscuras artes perversas!
Sus artes oscuras envuelven el cuarto en una atmósfera densa. Los trazos que dibujan sus manos son como una danza mística que hipnotiza nuestras mentes. El poder de sus conjuros desafía cualquier poder divino. Y es que lo carnal en este cuarto; rasga cualquier Santa Biblia.
Su beso no fue mortal, no fue al cuello, fue a su oreja, como si ejerciera sobre el una sensualidad irresistible.
Lo que más me aterrorizo fue su cara; no se movió, no tembló, más bien su boca esbozo una sonrisa. Maldad, malicia, lujuria… ¿Serán dos? Existe la posibilidad de que nos vean como sus presas; si así fuera, este es un lugar perfecto para cazarnos, nos observan, nos conocen, se deleitan con nuestras pasiones y nuestras creaciones literarias alimentan sus más oscuros deseos. Tengo miedo, espero estar aluciando, espero no tener razón, la idea de que haya dos vampiros aquí en el taller me aterra.
Quiero llegar a mi casa, cobijarme y por Dios; que termines este día…
Al día siguiente por la mañana, me llamo mi compañera, la que se sienta a mi lado.
Me preguntó si yo sabia lo que se decía en el taller. Me horrorizo la idea que otro supieran ya mi secreto y además, quien se los dijo? seria que lo leyeron en mi mente?,o quizás el mismísimo vampiro regó la bola?, pero con que intención?
Con mi vos temblorosa, me hice el desentendido , le pedí que me contara lo que ella sabia.
Para mi tranquilidad no hablaba del vampiro, los chismes eran de otra cosa totalmente diferente.
Según parece, hay una confabulación de algunos compañeros contra el profesor y están poniendo a firmar una queja formal para presentarla al organizador del taller.
Según ellos reclaman, acoso cibernético.
Se quejan que el profesor les bloquea el correo, por tanta información ,bromas y demás que manda , y que han tenido problemas en su trabajo, pues no les queda espacio para su correspondencia.
Ella furiosa me decía ,que eran unos mal agradecidos, que si no se podían dar cuenta el cariño con que el profesor nos buscaba toda clase de información, para provocar en nosotros inspiración.
En realidad me estaba llamando para pedirme que la ayudara, para parar esa infamia antes de que el profe se diera cuenta, no quería que el se enterara ,pues ella lo conoce muy bien y sabe que le dolería muchísimo.
Me decía, que como era posible que sus compañeros fueran tan insensibles y no leyeran en su rostro la alegría con que compartía sus conocimientos y la intención tan clara que tiene mandándonos toda esa información……. que todos al final del curso tengamos la satisfacción de parir el libro.