3.1 Favelas en Costa Rica
Para comenzar, es necesario aclarar que el término favela no hace alusión a una zona marcada por la delincuencia, en su lugar, favela es en Brasil un simple proyecto de ayuda social que instituciones o el gobierno crean para brindarles vivienda a personas de escasos recursos económicos.
En nuestro país es difícil determinar cuantas urbes o proyectos similares se han creado, ya que el INVU e IMAS son organismos dedicados a la urbanización y ayudan a personas con problemas economicos. Sin embargo, las urbanizaciones creadas para fines de ayuda social, no representan focos fuertes de delincuencia juvenil. El modelo de vida marginal brasileño es comparable con el estilo de convivencia que presentan algunos “precarios” en nuestro territorio. No obstante, en “Ciudad de Dios” notamos que las favelas se desviaron de su objetivo principal y se convirtieron teóricamente en “Tierra de Nadie”.Los “precarios” son tierras del gobierno o de un particular que se ven invadidas por gente que no posee propiedades, por lo general, extranjeros.
Entonces llegamos a un punto donde determinar la delincuencia en un lugar geográfico específico se hace difícil si nos referimos a nuestro territorio. Es menester entonces, para hacer una comparación con el filme que hablemos de ahora en delante de delincuencia juvenil costarricense.
3.2 Delincuencia juvenil en Costa Rica
La costumbre eufemista costarricense a la que estamos tan acostumbrados, la psicología que nos pide no marcar a un individuo para no provocar impacto social en la definición de su personalidad, nos propone no llamar a los jóvenes “antisociales” ni delincuentes. En su lugar, propone que se le llame “menor infractor”.
Los factores que inducen al individuo a cometer un acto delictivo son de distintas naturalezas. Los exógenos son influencias ambientales y del medio, no pertenecen al individuo pero se van involucrando en él. Los endógenos son , por lo contrario, inherentes a la persona, conflictos y razones propias que impulsan la conducta delictiva.
Tratar de determinar a ciencia cierta cuántos y cuáles son las causas de la delincuencia juvenil , es una tarea difícil. La psicología y la sociología han sido las ciencias más interesadas en este tema, desarrollando así una lista de posibles causas y descartando algunos mitos respecto a las acciones dolosas del menor costarricense.
Los aspectos definitivos para el desarrollo de una conducta delictiva, según la tesis de Sylvia Waldron son: el hogar, la escuela, la iglesia, los servicios públicos, los valores inculcados y el ambiente de crianza. El desarrollo del menor , como persona física e integral, tiene su mayor auge en el ambiente de hogar. Aquí tocaríamos el tema referente a “la ecología” (el ambiente que rodea al individuo), como principal causa. Es un mito el hecho de que la ausencia de un miembro de la familia impulse al joven a la delincuencia, lo que importa de el núcleo familiar es la convivencia que se lleve y las costumbres que se pongan en práctica. Otro aspecto definitivo son los valores inculcados en el hogar. La famosa frase: “Pobre, pero honrado” es utilizada a menudo por gente sencilla y de escasos recursos que ha sido enseñada a que es mejor pasar una necesidad antes de cometer algún acto en contra de la ley o la moral. Entonces, la enseñanza y cultivo de los buenos valores serían un mecanismo de defensa ante la idea de delinquir, por lo contrario, una ausencia de ellos y una formación bajo “la ley de la selva” facilita que el menor se incline por la delincuencia. Las bases religiosas y escolares juegan un papel complementario a la formación en el hogar . La religión cristiana predominante en nuestro país, sin importar que denominación sea, es fundamentada principalmente en la Biblia. Esta indica: No matarás (éxodo 20:13) no hurtarás (éxodo 20:15). No es necesario introducirse al tema, pero cuando Jesús cambió “la ley” y le heredó a los gentiles “la gracia” no cambió estos fundamentos, es en esto que la iglesia y la religión en sí ejercen una cohesión . El grado de escolarización es también un factor ambiental de relevancia. La mayoría de los delincuentes juveniles tienen su escuela o colegio sin terminar. Y es que la capacitación académica es fundamental para la realización del individuo como ser productivo y para que pueda aspirar a metas superiores, se supone que por ende mejore sus expectativas de vida.
Contrario a los factores anteriores, se han forjado un conjunto de “mitos”, influencias externas a las que nos hemos empeñado en culpabilizar en una búsqueda desesperada de agentes transmisores de inducción delictiva. Figura como principal acusado el televisor, los programas y las películas extranjeras que tratan acerca de temas muy variados, pero que constantemente nos bombardean con desvalores . En el caso de “Ciudad de Dios” se expone una situación de extrema violencia pero con fines documentales y reflexivos, siendo distinto a las actitudes y las malas costumbres que suelen proyectar el cine de “Hollywood” . Otro caso de auge similar se presentaría en los videojuegos de robos, matanzas y otros similares. No obstante, ninguna influencia negativa puede infectar el comportamiento de un adolescente, o de un menor, si no es por la carencia de los valores inculcados desde la infancia. No es que estemos exonerando de toda culpa a las producciones violentas, pero no podemos culpabilizar a las corrientes extranjeras de los problemas que en la sociedad costarricense no se trabaja desde los principios del hogar. Otro mito remitiría que los hogares incompletos son más propicios a crear delincuentes que los hogares cuyos miembros están completos, es un error y un prejuicio. La estabilidad en el hogar es lo principal, el hecho de contar con todos sus miembros no la hace una familia funcional, por lo tanto, no hay justificación en esto para iniciarse en conductas delictivas. Por último, creer que una persona hereda la conducta delictiva sería una afirmación errada. A pesar que los genes pueden transmitir una tendencia mayor a la agresividad (caso de la composición cromosómica XYY), la persona no viene destinada biológicamente a delinquir. Cometemos errores en esto, y a veces lo hacemos premeditadamente para obviar las realidades sociales, mas las verdaderas razones crean un conjunto de crisis que si repercuten en la conducta.
El menor infractor costarricense enfrenta tres crisis, éstas son más fuertes y al nivel de la razón tienen más peso que los factores exógenos extranjeros. Nos referimos a la crisis económica, social y moral. Éstas, a su vez , son consecuencias de nuestro modelo económico basado en el capitalismo, de nuestro crecimiento demográfico y de nuestra pérdida de valores autóctonos.
La crisis económica se refiere a los problemas que encuentran muchos menores a la hora de subsistir. La pobreza, como mayor agente de esta crisis, impulsa a las personas de escasos recursos a tomar medidas desesperadas. Los robos presentan una manera fácil de obtener dinero para jóvenes desempleados que no han encontrado otra forma de satisfacer sus necesidades. Entra entonces la crisis social, donde una sociedad globalizada reúne ciertos estereotipos atractivos para el menor de edad, que crean una necesidad de ser satisfechos para no experimentar rechazo. Esta crisis además marca al individuo marginal como criminal. Lo grave es que el menor no ve el mayor problema en llevar a cabo sus infracciones por que de por sí es visto como un delincuente ante la colectividad. El abandono de la sociedad crea degeneración física y moral, y no solo les hacen un daño con el hecho de olvidarlos, si no que la falta de regulación les facilita desempeñar conductas antisociales. Entonces el individuo creará su propia sociedad, buscando pandillas que lo respalden o creando las suyas propias para mayor efectividad de sus actos. Por lo general, esto no solo presenta un incremento en delitos, si no que se sumen en la droga y frecuentan los sectores bajos de la sociedad. Por último, la crisis moral que enfrenta al individuo con lo que es correcto y lo que no. Las decisiones que debe tomar respecto si robar o pasar hambre, si renunciar a un deseo o conseguirlo robado, si comer o consumir droga.
Hasta ahora hemos analizado los factores psicológicos del menor infractor costarricense, por lo que es necesario adentrarnos en un poco de historia y estadística, en datos más reales.
Es sabido que la delincuencia ha transcendido a través de los años. Esto se puede notar cuando se encuentran tesis universitarias con títulos como “Delincuencia juvenil en Costa Rica, 1900”.
La delincuencia juvenil ha sido base para varias tesis, en “Características socioeconómicas y psicodinamicas del menor infractor varón costarricense”, hecha por José Brenes y William Vargas en 1981, estudiantes de la Universidad de Costa Rica, utilizan diferentes metodologías (desde la observación hasta aplicación tests de personalidad) para determinar congruencias entre los infractores, estos autores hicieron sus investigaciones con muchachos que habían sido procesados por algún delito entre 1974 y 1979, después de varios años publican su tesis llegando a diferentes conclusiones, algunas importantes son,
1. La mayoría de las infracciones son en contra de la propiedad privada.
2. Los infractores están en edades entre los 12 y los 18 años.
3. El nivel educativo de los infractores es de primaria o secundaria incompleta.
4. El 51% de los infractores son provenientes de familias completas (madre y padre), con salarios bajos, muchos miembros familiares (familia extensa) y padres con poco estudio.
5. En su mayoría son provenientes de familias con problemas de hacinamiento y alcoholismo
En otro libro que adquirimos, hecho por Denis Szabo, Denis Gagne y Alice Parizeau, titulado El Adolescente y la sociedad, encontramos información sobre la inadaptación social, este libro europeo (Barcelona 1980) nos muestra como diferentes instituciones que existen para controlar los adolescentes con inadaptación social algunas veces los ayudan a reincorporarse a la sociedad pero otras por el contrario acentúan su problema y nunca vuelven a ser quienes fueron.
Los autores presentan al público la hipótesis Macro sociológica, en la que comentan una interpretación de la evolución de los seres humanos. Estos basándose mucho en la psicología se adentran en el pensamiento de los adolescentes y explican muchos factores influyentes en la tendencia de ciertos muchachos a la rebeldía e inadaptación social.
En Costa Rica las zonas socioeconómicas se encuentran marcadas por problemas específicos y particulares, por lo que el índice de delincuencia varía según la zona. En el Valle Central, vive aproximadamente el 53% de la población. La inseguridad ciudadana que aquí se presenta es por que se cometen homicidios, robos agravados y ataques, entre otras violaciones a la propiedad privada. Los jóvenes tienen fácil acceso al alcohol, las drogas y a la prostitución. Los precarios se construyen en los alrededores de las ciudades, formando los denominados “anillos de la miseria”. Estos últimos presentan problemas económicos, sociales y sanitarios. En Puntarenas es muy común el problema del “precarismo” urbano, por el mucho hacinamiento de las personas se han creado barrios marginales. En la zona de golfito, el desempleo ha dado mayor fuerza a actividades como narcotráfico, la facilidad de zonas fronterizas y litorales han contribuido. En la zona atlántica se han acentuado la inseguridad ciudadana y el narcotráfico. Las zonas selváticas son propicias para el cultivo de drogas. El ocio, que genera el desempleo, ha llevado a menores de la zona a depender de una conducta delictiva, como los asaltos a mano armada.
La realidad costarricense es menos grave que la reflejada en las favelas brasileñas. Nuestros proyectos de urbanismo no quedan fácilmente en el descuido y no son tantas las zonas en las que la policía no ejerza su autoridad (independientemente de la eficiencia). El caso que en la película se expone como la vida de “dadito”, un niño que a temprana edad empieza a probar el poder que la delincuencia le puede dejar, hasta llegar a dominar una favela como “Ze pequeño” no es similar a ningún caso notificado en nuestro territorio. “Los Teletubbies” son la banda de menores más organizada en robos, apenas comparable con la situación expuesta en la película. Costa Rica no parece llegar a tan elevados niveles de delincuencia , a pesar de que la criminalidad juvenil es un hecho que se presenta en casi todas las zonas del país y que ha experimentado un auge considerable en las últimas décadas. A la hora de comparar nuestra realidad con la realidad brasileña de la época que representa la película, notamos que hay semejanzas, solamente que en menor proporción de sobrepoblación, de territorio y de gravedad de los casos. Por lo tanto la realidad costarricense no se encuentra al nivel marginal brasileño, pero si no se mejora la expectativa de vida para las zonas marginales , la distancia dejará de ser abismal y lentamente adoptaremos una problemática bastante parecida.